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Tipos de custodias e impacto en los niños


Aunque nos encontramos viviendo una etapa donde la taza de divorcios ha disminuido considerablemente, esto no debe tomarse como un índice de felicidad en las parejas, sino más bien como una actitud de impotencia ante la evidente crisis que atraviesa nuestro planeta. Entre abogados, hipotecas, procesos judiciales y demás, no cabe duda de que divorciarse, es cada vez más caro.

Sin embargo, el aspecto que más preocupa a las parejas que han decidido irremediablemente poner fin a su relación, es el de los hijos. Decidir con quién se quedan los peques o cómo se compartirán los padres su custodia, es un tema que suscita no pocas preocupaciones en las familias. Abordemos esta cuestión más detenidamente.

El propio proceso los afecta

Durante el proceso de separación o divorcio, los padres siempre buscan la manera de evitar que el radio de acción de este suceso afecte en lo más mínimo a los pequeños. En la mayoría de los casos, las separaciones de mutuo acuerdo son las más favorables para los niños, pero no siempre sucede así. Tal y como nos indican estos abogados expertos en divorcios, existen ocasiones en las que el proceso judicial requiere del testimonio de los hijos, e incluso, estos son sometidos a un peritaje psicológico que puede afectarlos o causar un trauma sostenido con el tiempo. Para colmo, los niños de un matrimonio que decide separarse, tendrán que declarar en muchos casos con cuál de sus progenitores desean vivir, una cuestión desagradable para ellos, e incluso, para los propios padres.

La custodia, ¿Compartida o exclusiva?

Tipos de custodias e impacto en los niñosHace algunos años, la gran mayoría de los divorcios estipulaban la custodia exclusiva de los hijos a cargo de la madre, siendo el padre quien debía abandonar el hogar y acogerse a un estricto régimen de visitas, casi siempre durante los fines de semana. Hoy en día, la fuerte apuesta que se hace por la paternidad y su implicación en el desarrollo de los hijos, hace que muchas parejas decidan optar por la custodia compartida, una modalidad que abre la puerta a otras opciones, como por ejemplo, la custodia durante seis meses con cada progenitor, o tal vez durante un año, una semana o durante días alternos.

Ahora bien, ¿Qué espacio de tiempo es el más indicado para cada progenitor? ¿Cómo afectará esta decisión a los pequeños y su desarrollo emocional?

Distintas opciones de custodia

El primer aspecto que debemos anotar aquí es la tranquilidad y la estabilidad de los hijos. Para ello, la mejor decisión que pueden tomar los padres es la de mantener a los pequeños en el hogar familiar, independientemente de quien se quede a cargo de su custodia. De esta manera, los pequeños podrán contar con la seguridad que necesitan, y no se verán tan afectados ante los nuevos cambios que se avecinan. El hecho de mantener su propia habitación y conservar su escuela o sus amigos, es un proceso que facilita mucho la transición característica de un divorcio, aunque no es menos cierto que también deberán contar con un espacio propio en el nuevo hogar del padre o la madre que se retira.

Otro escenario muy común que vemos actualmente es la de mantener a los pequeños en el hogar familiar, mientras los padres son los que se turnan la custodia y viven con ellos. Esta vía, aunque parece mucho más factible para los hijos, requiere que el progenitor deba alquilar otra vivienda durante el tiempo que no asuma la custodia, una posibilidad que implica gastos de alquiler y problemas de cercanía muy comunes. Al mismo tiempo, es importante que los padres favorezcan los nuevos cambios familiares de manera gradual en los hijos, algo que, de este modo, no siempre resulta de la mejor manera.

Del mismo modo, si los padres optan por alternar la custodia a lo largo de la semana en el hogar de cada cual, es muy probable que los pequeños presenten problemas de organización y vean entorpecidas sus actividades cotidianas. El nivel de coordinación que se requiere entre los padres para no afectar el desarrollo de la vida de sus hijos, requiere en estos casos de una comunicación constante que muchas veces no se logra (tal vez, debido a la reciente separación), además de que, el habitar en dos casas diferentes al mismo tiempo puede suponer un problema de concentración o de bienestar para los niños.

El cualquier caso, es importante comprender que todo proceso de separación supone cierto nivel de complejidad y susceptibilidad para los más pequeños del hogar. Si para los padres resulta difícil enfrentarse a la nueva oleada de cambios que se avecina, en los niños este proceso puede llegar a ser incluso peor. Para lograr adaptarse y alcanzar la normalidad, es preciso que cada progenitor se mantenga pendiente de sus hijos, que fomente la comunicación abierta y escuche sus sentimientos. En algunos casos, acudir a un profesional puede ser una solución excelente.




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