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Adolescencia y provocación


Los adolescentes utilizan tanto la seducción, como la provocación. Las críticas abiertas no les dan miedo, las palabras fuertes tampoco,… Con su actitud estudian la reacción del adulto frente a su comportamiento, juzgan los límites que debe respetar y comprenden lo que pueden hacer o no. Criticar, responder e insultar es su manera de expresar su independencia, de una manera torpe. El adolescente que utiliza esta táctica tiene tan poco claro lo que verdaderamente siente, que la provocación es su lenguaje. Mediante ella, pone una distancia entre vosotros y él. Busca autonomía, cuando realmente lo que necesita es seguridad. Por ello, a menudo los adolescentes más insolentes son los más dependientes.

La provocación es una muralla contra los sentimientos complejos que le asaltan y un modo de desarrollar el sentimiento de su propia identidad. Con ella se desmarca de la educación que se le inculcó: " hablo como quiero... hago lo que quiero... dejarme vivir mi vida..." Todo esto utilizando términos groseros y malos modos. Con esta provocación, somete a un test vuestra resistencia y el respeto de los códigos paternos que se le inculcaron.

Adolescencia y provocación

El lenguaje, el acento y la elección de las palabras forman parte de un código de reconocimiento y marcan el signo de una pertenencia a un grupo. Mediante estos comportamientos, el adolescente afina su deseo de identificarse con eso. Es el modo que ha encontrado para sentir que existe fuera de vosotros. Generalmente, lo que quiere expresar es diferente a lo que él dice. Tiene dificultades para saber lo que quiere y comprender realmente lo que siente. No encuentra las palabras y los argumentos para defender su punto de vista frente a vosotros. La insolencia y la grosería es lo que le sale más fácilmente para evitar desbordarse por sus emociones y su agresividad latente.

¿Cómo actuar?

Ser padres es dar ejemplo. Atención, pues, con las maneras y los modos con los que se habla en casa. Un adolescente tiende a copiar el modo de expresión de los adultos, creyendo así parecer más grande. Un poco de provocación es normal en estas edades. Por tanto, intentad no dramatizar a la mínima palabra mal dicha o con un tono poco apropiado. Esto puede desencadenar mayores futuras acciones provocativas. Poned, sin embargo, ciertos límites haciendo hincapié en las palabras más duras y en las formas más extremas. Debe comprender que es importante autocensurarse y que, delante de vosotros, todo no está permitido.

Entre hermanos y hermanas, o entre amigos, prohíbe los insultos ofensivos y groseros y las formas violentas o amenazantes. Aunque tiene derecho a estar enfadado y expresarse libremente, siempre debe hacerlo con respeto y sin vulgaridad. Hace falta que comprendan el respeto hacia los otros y la tolerancia. Y que aprendan a medir sus palabras y reacciones.

Lo que más nos puede ayudar como padres es de hablar de eso con otros padres con hijos de la misma edad. De esta forma nos sentiremos menos sólos para enfrentarnos a la situación. Constatar los momentos difíciles y afrontarlos juntos permite aliviar la situación y ver las cosas desde un nuevo punto de vista.




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